Durante el crecimiento de los niños pasamos por muchas y variadas fases, algunas más complicadas que otras, es decir, pasamos por etapas que apenas notamos y otras, sin embargo, parecen eternas, fatigadoras y difíciles de superar. Hoy vamos a dedicar un tiempo a una de ellas, que seguramente podamos enmarcarla en el segundo tipo: las rabietas.

La teoría nos la sabemos de memoria: patalean, aguantan la respiración, se tiran al suelo, berrean, chantajean, lloran como si fuera el fin del mundo y un largo etcétera de comportamientos que nos hacen pensar en cómo nuestro angelito pueda llevar tanta rabia y lágrimas dentro.

Una de las primeras cosas que podemos tener en cuenta, es lo mencionado al principio, se trata de una fase por la que todos pasan. Suelen aparecer alrededor de los dos años, que es cuando nuestros hijos comienzan a identificarse como miembro individual en la familia, en la guarde, en los columpios, etc. Se empieza a formar su personalidad y a forjar su carácter.

Recordad también que hasta ahora, ha llorado para comunicarse con nosotros y hacednos llegar sus necesidades. Ahora, comenzamos con otras vías de comunicación, ya que el lenguaje ha entrado en su vida y cada vez lo domina más.

Estos dos conceptos juntos, la formación de su individualidad y personalidad; y la posibilidad de comunicarse mejor forman una gran experiencia para ellos, un enorme mundo de posibilidades para pedir cosas y expresarse; y sí, pedirán todo lo que puedan o quieran. También nos encontramos con una etapa en la que quieren ir haciéndose más independientes y hacer cosas por ellos mismos, el no conseguirlo o que no les dejemos les genera un malestar y frustración que expresan con las rabietas.

Ahí es donde entramos nosotros para poner el límite y para marcar el camino a seguir. Podemos aprovechar esta etapa para enseñarles a controlar sus emociones, a expresarse adecuadamente, a establecer límites, a enseñarles a tolerar la frustración.

Por otro lado, nosotros también podemos aprender mucho, sobre todo en el terreno de la expresión y control emocional. Os van a llevar a vuestro límite, y es muy importante saber cómo controlarse y no dejarse llevar por la situación. No rebajarnos a su nivel de comunicación de gritos y chantajes, no entrar en el juego, somos los adultos, somos quienes marcamos los límites, el tono de la conversación y las reglas. Pero ante todo, somos humanos, por lo que si en algún momento, este autocontrol se difumina, es importante, no fustigarnos y comprendernos, porque ello nos ayudará a no caer fácilmente de nuevo en este error.

Mantenernos firmes en nuestras decisiones y no ceder, por mucho que nos duela verlos llorar o sufrir; a largo plazo lo agradeceremos, ya que aprenderán que no es manera de conseguir las cosas.

Recordad que son personas, pequeñitas sí, pero personas, al fin y al cabo. Tienen el mismo pack de emociones y sentimientos instalado en el cuerpo que nosotros. Desean cosas, están cansados, tristes, enfadados, quieren hacerse un hueco, quieren hacerse ver y quieren hacerse notar. Aprender a controlar nuestras emociones y estados, especialmente, en situaciones más extremas, como son el cansancio, sueño acumulado e incluso el hambre, cuando hablamos con nuestros hijos puede ser de gran ayuda, empatizar con ellos y ver porqué se está comportando así, resulta satisfactorio para ambos.  Una vez sepamos o sospechemos la razón, podremos actuar de una manera y otra, dándole nuestro apoyo y ayuda, a la vez que nos mantenemos firmes en nuestra posición.

Recordad que la comprensión y el cariño pueden darse a la vez que las normas y los límites, para que aprendan el camino a seguir y cómo actuar sin olvidar lo mucho que los queremos y apoyamos.

Si estáis interesados en este tema, todos estos consejos y muchos más para prevenir la aparición de las rabietas y aprender a controlarlas cuando sucedan, vente a la charla del 28 de abril de La Escuela De Ongizate. No dudéis en apuntaros en nuestro Centro de Psicología en Bilbao Ongizate en el 686 492 051 o psicologia@ongizate.com.

Muchas gracias

Elixabete Blanco

Psicóloga en Bilbao

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