Últimamente, observo que nos cargamos de tantas cosas que nos hemos acostumbrados a que no entre ni un alfiler en nuestro día a día. Hemos llegado al punto en el que anticipar que vamos a tener tiempo libre nos agobia. ¿Pero qué voy a hacer el sábado a la tarde si no hay nadie que se quede en Bilbao? Estar con uno mismo nos ahoga. ¿Será que no nos sentimos lo suficientemente importantes como para querer estar con nosotros?

¿Qué está pasando para que no seamos capaces de disfrutar de nuestro tiempo libre? ¿Qué mentalidad nos estamos generando para que en lugar de aprovechar y no hacer nada, busquemos cómo ocupar esos minutos vacíos?

“He tirado el tiempo” es la frase que nos decimos esa tarde en la que no tenías nada especial. Parece que cada minuto del día tiene que ser exprimido con actividades productivas, que si no nos da resultado, es minuto tirado a la basura, pero nos olvidamos que nuestro cuerpo también NECESITA cargar pilas, y que si queremos funcionar de verdad, rindiendo, tenemos que permitirnos descansar.

Tengo la sensación de que planificamos hasta “perder el tiempo”. Si ya teníamos pensado que el sábado de 15.00-16.30 no voy a hacer nada más que descansar, se puede asumir, pero si es algo, inesperado, ¡uy! ¡Qué mal lo he hecho, no hago nada con mi vida!

¡Qué poco realistas somos a veces! Si realizamos un balance objetivo de nuestro rendimiento, nos damos cuenta de que es cierto que esa tarde no ha sido productiva, pero también es cierto que a lo largo de la semana has trabajado, has hecho recados, te has ocupado de una amiga…., por tanto, nada nada? Mmmm algo ya has hecho.

Desde el trabajo que realizo en el Centro de Psicología en Bilbao Ongizate, aprecio que esto es algo que estamos enseñando a nuestros hijos, le estamos instruyendo a que lo mejor que pueden hacer es aprovechar al máximo su tiempo, y que divertirse, tener ocio, es lo contrario. Por ello, lo que hacemos es “ocupar” su tiempo, van a clase, después a inglés, piano, solfeo, fútbol, natación y surf. ¡Perfecto! La semana aprovechadísima.

Peeeero, luego toca la reunión con la profesora y el mensaje que te transmiten es que ven a un niño cansado, distraído… lógico, su energía como la de los adultos es limitada. Por ello, veo positivo que nos centremos en reflexionar sobre qué es aprovechar eficientemente el tiempo y creo que en ese análisis entra la posibilidad de descansar, llenar el depósito y así poder sacar la mejor versión de uno mismo, porque sin esa gasolina, va a ser difícil.

Esto, me ha llevado a un momento vital en el tanto mi pareja como yo estábamos cargadísimos de tareas, y cuando llegaba el momento de no hacer nada nos preguntábamos con la mayor cara de felicidad y plenitud, ¿qué haces? Nada ¿Y tu? Nada. ¡Qué placer!

Por tanto, nuevo reto: DISFRUTAR DE NO HACER NADA.

 

Irene Tobías

Psicóloga en Bilbao

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