¿Cuántas veces hemos escuchado que en los momentos difíciles es conveniente mantener la mente ocupada en algo?

Estoy de acuerdo, ocupar la mente en realizar actividades gratificantes, tareas que nos hagan sentir satisfecho, lo veo como algo positivo. A veces, somos muy exigentes con nosotros y el hecho de no hacer nada productivo en un día, nos lleva a diálogos internos negativos y catastrofistas como “¡qué inútil soy”!, ¡”he perdido un día de mi vida!”… Por lo que ocupar un tiempo a realizar algo, ya sea un paseo, un café con un amigo, escribir un diario, escuchar música…, lo que sea, nos lleva a ser menos duros con nosotros y a tener un discurso más cariñoso con uno mismo.

Sin embargo, no soy partidaria de “sobreocuparnos”, ya que esto normalmente implica, no dejar ese hueco tan necesario para nosotros. Es por ello, que en mi trabajo en el Centro de Psicología en Bilbao Ongizate, insisto mucho en crear una rutina, por una lado, y de incluir en ella, actividades que es probable que hayas ido dejando por el camino que tan feliz te hacían pero, que no sabes porque te cuesta tanto realizar en la actualidad. Suelo decir que inicialmente, se llevan a cabo a pesar del malestar, a pesar de la pereza, a pesar de tus anticipaciones en negativo… Pero, será necesario caminar y dar el primer paso que es precisamente enfrentarse al miedo de no ser capaz de disfrutar. Por eso, en la intervención empezamos indicando que nos plantemos ante aquello que consideremos que podemos realizar, sintiéndonos lo menos incómodos posible, de manera que el éxito está prácticamente asegurado, lo que nos genera una sensación de capacidad y satisfacción tal que nos da la fuerza suficiente para tratar de dar el siguiente paso.

Además, está también la frase de ocúpate para no preocuparte, de nuevo coincido, porque cuando nos PRE ocupamos, lo que hacemos es anticiparnos y cuando lo hacemos es normalmente en negativo, y esto nos lleva a consumir mucha energía pensando en todo lo malo que nos puede ocurrir llevándonos a encontrarnos cansados sin aparente razón.  Siendo prácticos, ¿qué conseguimos adelantándonos a los acontecimientos? Estar agotados tanto física como mentalmente, por lo que por supuesto, no somos resolutivos y se cumple la profecía y salen mal o fatal las cosas, es lo que en psicología llamamos “profecía autocumplida”. Llegamos a decirnos, “lo sabía, sabía que no iba a salir nada de esta entrevista de trabajo”, por ejemplo. Pero, no somos objetivos y valoramos la situación con total perspectiva, porque esa noche es posible que no durmieras bien por los nervios, que fueras con una “autopresión” enorme que haya hecho que mostraras una versión de tí insegura, indecisa, y poco atractiva para el puesto, por lo que evidentemente y más teniendo en cuenta lo competitivo que está el mundo laboral, no te contratan. Si en lugar de haber ido diciéndote lo desastre que eres y lo poco cualificado que estás para ese puesto, tu actitud hubiera sido diferente y hubieran estado encantados de contratarte o al menos querer conocerte mejor.

Por tanto, si nos ocupamos, en lugar de preocuparnos, es más fácil que nos encontremos bien, con fuerza y resolutivos, mientras que anticipando de manera catastrofista logramos exactamente lo contrario, vernos indecisos, sin capacidad para resolver los problemas que van surgiendo.

Nuestro nuevo reto, ¿qué os parece dejar en casita la bola de cristal negativa? A por ello!!

Irene Tobías Fernández

BI03674

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