Amistad, una de las palabras más bonitas del diccionario. Cuando la pronuncio, me invade la sensación de compañía, tranquilidad, diversión, apoyo, confianza, confidencias…

En mi trabajo como psicóloga, doy especial importancia al área social, porque la veo indispensable para poder hacer frente a una situación complicada, esto enseguida choca con cómo se siente el paciente, a veces hundido sin ganas ni de salir de la cama, a veces tan poco valioso que consideran que hacen perder el tiempo a otras personas por estar con ellos, a veces tan ocupados en centrarse en los demás que no tienen tiempo de parar y buscar un pequeño hueco a mimarse a través de las relaciones sociales.

Personalmente, me siento muy pero que muy afortunada, porque reconozco que cuento con tiempo limitado y sinceramente, soy capaz de sacar poquito para dedicarlo a parar y quedar con las amigas. Sin embargo, tengo la sensación de que son increíblemente incondicionales, que a pesar de no vernos todo lo que nos gustaría, cada vez que lo hacemos es como si se hubiera parado el tiempo y nos hubiéramos visto el día anterior, no se enfría porque son interacciones reales, verdaderas en las que ambas partes ponemos todo de nuestra parte para disfrutar del momento. Me siento dichosa, porque considero que siempre estarán ahí, a pesar de la distancia, a pesar de las agendas locas de cada una y a pesar de que a medida que vamos avanzando nuestras vidas se van cargando de nuevas personas.

Además hoy día, gracias a las nuevas tecnologías, a las redes sociales es más fácil acercarnos a los amigos y tratar de mimarnos mutuamente. ¿Lo lograremos? No lo sé, no tengo la bolita de cristal que me lo chive, pero lo que si tengo es la capacidad para ponerme a ello, así que a coger las riendas y a comenzar a caminar hacia el autocuidado social. Se dice que ¡querer es poder!

Irene Tobías

Psicóloga

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