“El tiempo pasa  y no lo ves”. Esta frase es muy significativa para mí, seguro que la profesora de lengua y literatura en bachillerato cuando nos pidió que hiciéramos una cita, no supo que esta que fue la que presenté me perseguiría desde entonces.

El tiempo… es un concepto voluble a pesar de su exactitud, porque una hora tiene 60 minutos está claro y un día 24 horas, pero no se viven igual dependiendo de lo que estemos haciendo, cómo nos encontremos, la edad que tengamos…  Sentimos incluso injusto que los ratitos agradables, bonitos, emotivos se esfumen más rápidamente que aquellos en los que nos encontramos aburridos sin nada interesante que hacer, o cuando el dolor, ya sea físico o psíquico nos hace creer que el tiempo no corre, sólo añoramos dejar de sufrir.

De siempre he sido consciente de cómo avanzan los años y en cierta medida me asusta, disfruto “aprovechando el tiempo” (pongo entre comillas porque esto es muy personal, ¿qué es aprovechar el tiempo?), incluso me cuesta celebrar que cumplo años, me encanta organizar las fiestas de los otros, tratar de sorprenderles, pero el mío… buff… sin embargo, sorprendentemente cada año lo llevo mejor.

Ha sido a raíz de la maternidad cuando el concepto del tiempo me pesa más, no paramos de escuchar desde el momento en el que damos a luz, que aprovechemos al máximo a los peques porque el tiempo pasa volando y enseguida se nos van, y es cierto, se me está pasando rapidísimo, me cuesta creer que vaya a hacer 3 años. Si es cierto, que hay momentos en los que me siento un tanto culpable por no pasar más tiempo con él. No resulta fácil conciliar el área laboral y la creación de una familia, supongo que nunca lo ha sido y que tendremos que trabajar mucho para llegar a conseguir encajar esas piezas del puzzle, porque la verdad que ser padres es un rol precioso, pero a veces es tal el estrés y la ansiedad que soñarías con que se parase el mundo y que nos regalaran unas cuantas horas más al día, así todas las responsabilidades quedan hechas y nos dedicamos en exclusiva a nuestros hijos.

En este sentido, soy partidaria de la premisa: “más vale calidad que cantidad”, porque a veces estamos obsesionados con pasar tiempo con los peques pero, en realidad no estamos con ellos, porque tenemos la mente en otro sitio. Por ello, suelo plantear en la consulta de psicología en Bilbao Ongizate, que nos centremos más que en estar con ellos muchas horas, en que esos ratitos sean realmente con ellos, aislándonos, en la medida de lo posible de lo externo, fuera móviles y distractores absurdos, de manera que les hacemos sentir que son lo más importante para nosotros en ese momento, que su opinión cuenta, que pueden contar con nosotros…  que es lo que necesitan como humanos que son, porque con algo tan sencillo como esto, lo que estamos haciendo es crear niños con autoestima saludable, construyendo relaciones cimentadas sobre el respeto, la comunicación y la confianza. ¿Suena fácil? Se podría plantear como reto, tratar de guardar un huequecito al día en nuestra apretada agenda para pasarlo en familia.

Con todo, muchísimas gracias, espero que os guste las reflexiones y no dudes en entrar en nuestra página de psicología Ongizate.

Irene Tobías

BI03674

Psicóloga del Centro de Psicología Ongizate

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